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Coronavirus: El revelador de verdades

Desde hace algún tiempo he planteado, al igual que tantos y tantas, que la ecología le dio el “trancazo final” al modelo de producción global de la forma capitalista. Ahora un fenómeno como lo es el coronavirus nos vuelve a revelar una forma concreta de propiciar, potenciar y ampliar modos específicos de generar cambios sociales. En esta ocasión el consumo logra “apagar todos los botones” de la producción global. Los signos de los tiempos se nos siguen presentando antes los ojos de quienes quieran ver. Y esos signos nos revelan que toca profundizar y acelerar la superación de esta civilización y comenzar a establecer los cimientos de la nueva civilización que ya emerge. Y que estos signos nos revelan por donde va la cosa.

 

HECHOS DOLOROSOS, ESPERANZADORES Y REVELADORES

 

 

China confirmó los primeros casos del covid-19 a finales de diciembre del pasado año. Situación que le hizo cerrar fábricas y comercios, así como imponer restricciones a viajes y otras formas de encuentros masivos. Acciones que hoy han seguido otros países, incluyéndonos a nosotros y que el caso de China, que igual podría experimentarse en otros países, representó una disminución sustancial del consumo de combustibles fósiles y otros gases propios de su producción.

 

Un mapa del coronavirus presentado el pasado 17 de marzo por la BBC Mundo en su página Web (https://www.bbc.com/mundo/noticias-51705060) y que se basa en datos recogidos periódicamente por la Universidad Johns Hopkins y que no necesariamente refleja la realidad de hoy, muestra los casos y las muertes que ha provocado. El caso de Italia parece ser uno de los más dramáticos, peligrosos y a la vez un tanto misterioso. 

 

Por supuesto que ninguna muerte debería ser necesaria para que aprendamos. Es una forma equivocada que esta vieja civilización ha asumido como forma de aprender. Por eso el señor presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha puesto en sus decisiones a la economía por encima de la vida. Es decir, medidas que afecten la economía quedan en un segundo plano por que la vida de la gente, de la suya incluso, es menos importante. Es una forma equivocada asumida por el sujeto de la modernidad. Una propuesta que la masa ha asumido como verdad y que por eso es poco retada, cuestionada e incluso protestada.    

 

La vida de cada persona que ha muerto es sagrada. Claro que, si se trata de un virus que no tiene origen perverso, sabemos que se trata de eventos que no lo podemos controlar de forma inmediata y sin fatalidades. En algunos casos, son expresiones de la naturaleza como lo es un huracán o terremoto en donde también mucha gente muere. Por tanto, lo que nos revela y nos enseña esta crisis del coronavirus no deja de tener su secuela de muerte. 

 

LA REVELACIÓN AMBIENTAL DEL CORONAVIRUS

 

Diversos sectores y organizaciones, incluyendo la ONU, están dando cuenta de una significativa reducción de algunos de los gases contaminantes que genera de manera violenta y brutal el modo de producción que impulsa, justifica y sostiene el modelo económico capitalista. Realidad que amenaza y está pasando “factura” sobre diversas formas de vida incluyendo la humana. 

 

Por ejemplo, la NASA y la Agencia Espacial Europea han publicado imágenes satelitales que muestran una caída significativa del dióxido de nitrógeno (NO2) en el aire de China en los primeros meses de la presencia del coronavirus. (La foto que aquí se incluye fue publicada por la BBC). 

Estas imágenes son muy reveladoras. Nos dicen que el sistema de producción como lo hemos concebido produce emisiones que atentan contra todas las formas de vida.  

 

Y más importante, nos revela algunas verdades negadas por los poderosos del mundo y algunos/as otros/as líderes políticos que le sirven a esos poderes. 

 

En primer lugar; que las emisiones de estos gases la podemos detener. Que esta crisis provocó que se tuvieran que “apagar los motores de la forma capitalista de producción” y que si así lo hacemos se puede detener la alarmante concentración de los gases que atentan contra todas las formas de vida. Es decir, que podemos y debemos cambiar el modo actual de la producción. 

 

En segundo lugar, esta crisis que aún no la hemos detenido, impactó otra de nuestras grandes crisis: las emisiones de algunos gases que provocan el cambio climático. Todavía es muy temprano para ver bien su verdadero impacto, si es que nos dejan verlo. Lo que nos dice inicialmente es que en tiempo récord, sin tener que esperar décadas, hay mejoras en el aire que respiramos como resultado de limitar los procesos de producción que emiten gases contaminantes.

 

Tercero, que la presente crisis del covid-19 nos ofrece otra evidencia de que el modelo de producción actual puede ser superado. Por supuesto que implicará cambios en los modos de entendernos y de entender la relación con las otras formas de vida. Implicará un proceso de tránsito a la nueva civilización en donde tendremos que aprender nuevas formas de vivir, de entender la felicidad, de amar, de entender y atender lo que son las verdaderas necesidades que a su vez nos llevará a sistemas y formas de producción que no atentarán contra la naturaleza.  

 

Cuarto, también podríamos deducir que el consumo tiene un poder inmenso sobre los modos y procesos de producción. Siendo la economía la forma en que organizamos el ciclo económico de la producción, la distribución, el consumo y la acumulación para satisfacer las necesidades básicas, podríamos pensar que la interrupción del consumo afecta, como está sucediendo en el escenario de coronavirus, la producción. En otras palabras, estamos siendo parte de un momento histórico y revelador que nos demuestra que el cambio climático puede ser detenido. Pero aún más dramático. Que nosotros como consumidores tenemos el poder de cambiar el modo de producción.

 

Luis Razeto, en su nuevo libro, Teoría económica del consumo, las necesidades y la felicidad (2020), nos demuestra que todos y todas somos consumidores/as. Por que es en la realización de este, es decir del consumo, que satisfacemos gran parte de nuestras necesidades. Por supuesto, que no estamos hablando del consumismo. Y que la lógica capitalista ha trastocado esta actividad dado que hoy es la producción la que determina nuestras necesidades. Esto creándolas y haciéndonos creer que son siempre imposibles de satisfacer. Y que siempre serán más y más. Por supuesto, esa es una mutación del “virus” capitalista que nos ha impuesto que es lo que necesitamos y peor aún, qué necesitamos. Como lo dice Razeto en su obra sobre el consumo; la forma capitalista ha puesto las necesidades, aspiraciones y deseos del ser humano al servicio de la producción y no esta última al servicio del ser humano.

 

De esta forma, la producción hoy inunda el mercado con cosas superfluas, innecesarias, dañinas, falsas, tóxicas e incluso con cosas para que muera la gente. Hoy no son las necesidades básicas y reales las que dirigen y determinan el consumo sino la producción. La producción hoy determina cuales son las necesidades de las personas. Y por supuesto, como es el lucro voraz, la ambición, el egoísmo y la acumulación salvaje lo que mueve a quienes ostentan el poder, seguirá siendo la sobreexplotación de los recursos naturales el combustible de esas formas de producción. 

 

Caminar hacia otras formas de producción implicará también una especie de “conversión”. Todos y todas fuimos formados a “imagen y semejanza” de una economía sin rostro humano. Sin entender la relación ser humano-naturaleza. Nos formaron desde la lógica antropológica que entiende al ser humano como un “Homo œconomicus”, es decir, como un animal económico. Idea que fue transmitida en todas las formas de socialización como lo es la crianza, la religión, la escuela y otras tantas. 

 

 

Descontaminarse” de esa forma de entendernos implica un proceso de “conversión”. Podríamos usar la imagen bíblica de la conversión de Pablo de Tarso. Y usarla para entender que también tendríamos que “caer del caballo”. Y quedar “ciegos”. Queriendo decir “dejar de ver” lo que veíamos como verdad, como norma, como que así es para entonces poder re-aprender. Para “ver” desde otras lógicas que tienen nuevos contenidos y nuevas formas de entendernos. Solo desde esas otras formas entenderemos cuales son las necesidades básicas que nos permiten preservar, ampliar y acceder a una forma de vivir superior. Desde esa forma superior podemos cambiar los hábitos de consumo los cuales a su vez transformarán los modos de producir lo que de verdad necesitamos para vivir. 

 

Quinto, la actual crisis nos ofrece la oportunidad de adelantar procesos sociales que impliquen un salto significativo en la evolución de la conciencia. La actual crisis del covid-19, una vez la superemos, nos ofrece el escenario ideal para adelantar el tránsito hacia una nueva y superior civilización. Los signos de lo nuevo que emergía eran evidentes. Pero ahora, podemos hacer que se vea más allá de lo que parece obvio y podríamos dar ese salto trascendente que necesitamos hacer. Esto por que volveremos a ver como la solidaridad es capaz de hacer cosas que parecen imposibles. Así pasó con los huracanes Irma y María, con los terremotos durante los primeros días de este año y así lo veremos nuevamente con el #QuedateEnCasa que se sustenta en la solidaridad no del aislamiento sino de una estrategia que inicia en la conciencia individual y repercute en el colectivo. 

 

El mismo sistema fue víctima de lo inesperado; “arrestó” al consumidor y este detuvo la rueda de la producción. Es decir, nosotros los consumidores, detuvimos el ciclo económico de la producción, distribución, consumo y acumulación. La rueda se detuvo momentáneamente. Detenido el consumo, todo el ciclo se detiene. Así observamos como cayeron las bolsas, los bonos y las inversiones por que el consumidor se “desactivo”. No fue voluntariamente por supuesto. Ni fue el resultado de una conciencia superior y colectivizada la que se activo y detuvo el consumo. Lo hizo el coronavirus. Nos “obligó” a detenernos. 

 

¿QUÉ SE NOS REVELA DE MANERA CONTUNDENTE? 

  • Que el cambio climático podríamos comenzar a detenerlo en el corto plazo. 

  • Que no tenemos que esperar a “tener el poder” por que ya lo tenemos. El modificar la forma de entender cuales son las necesidades básicas y necesarias para vivir bien y felices por un lado y por el otro, redefinir lo que es y para qué es la economía y desde esta nueva comprensión hacer igual con lo que es el consumo, nos ubica en una posición de poder que necesitamos reconocer que la tenemos. 

  • Que detener el cambio climático supone un cambio de paradigma para trascender la civilización que muere (la actual) y que necesitamos agilizar y acelerar su “transito a la muerte” para así acelerar el cambio a una nueva civilización.

  • Que la nueva civilización requiere de nuevos actores y actrices que se diferenciarán por ser personas con un nuevo conocimiento, creativas, autónomas y solidarias. 

  • Que desde esta evolución de la conciencia serán sujetos de cambio social capaces de entender la economía y lo que son las verdaderas necesidades humanas y la forma de satisfacerlas (nuevos modelos de hacer negocios y de ser empresarios/as). 

  • Que ese poder del consumidor lo podemos volver a activar en todo momento e instancias para ir, poco a poco, transformando el modelo de producción. 

 

El reto es que “abramos los ojos” para ver lo que sucedió: se detuvo el consumo y este detuvo la producción y a su vez se minimizó la contaminación del aire y de esta forma se redujeron los gases al aire que causan el cambio climático. Y eso sucedió en apenas par de meses. Y si abrimos lo ojos como hizo Pablo de Tarso, veremos lo que antes no vimos y que no querían que viéramos; el poder del consumidor y de una nueva forma de ser y hacer.    

 

*El autor es sicólogo social comunitario y especialista en desarrollo económico comunitario. 

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